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miércoles, 12 de noviembre de 2014

TE HARÉ CREYENTE






“¡Oh, gran espíritu! No soy más que uno de tus hijos, soy pequeño y débil, soy carne y hueso”

   Los indios kiokees cantaban alrededor del fuego mientras Richard Ford los miraba con desprecio. Los observaba uno por uno, incrédulo de aquel espectáculo, mientras ensayaba una sonrisa sardónica.

  – ¿Y usted por qué no reza? – dijo un joven kiokee – ¡Nos condenará a todos!

  Richard sujetó el mango de su enorme cuchillo y lo sacó levemente de la vaina. El viejo Búfalo Gris intervino de inmediato:

  – Tranquilo, Umi; el gran espíritu se lleva solo a los infieles – dijo el sabio –. Le recomiendo rezar con nosotros, señor Ford.

   – Lo siento, viejo, yo no creo en eso – espetó Richard.

  – Debería, o el Wingakaw vendrá a buscarlo. El Wingakaw no oirá sus plegarias cuando esté frente a usted. El Wingakaw no perdona. Tal vez no crea ahora pero le haré creer, señor Ford, yo le haré creer.

   Richard se limpiaba las uñas con su cuchillo mientras Búfalo Gris hablaba. Luego, sin dirigirle la mirada al sabio, se paró, bostezó y escupió justo en medio de la fogata:

  – Me iré a dormir, ustedes pueden seguir rezando si quieren. Envíenles mis saludos al Winkaman o cómo sea que se llame.

 Despiadadas secuoyas cubrían el cielo del campamento irguiéndose como gigantes de piedra. Sus robustas copas solo permitían el ulular de un viento asesino que soplaba sin cesar.

   En sus sueños Richard estaba sentado junto a los kiokees cuando un anciano desnudo con una máscara roja apareció frente a ellos. Se aproximó caminando con pasos largos y lentos, y al llegar a la fogata lo miró directamente a él:

   – Le haré creer, señor Ford, yo le haré creer.

   Richard se quedó petrificado.

  El anciano enmascarado metió la mano en medio de la fogata y comenzó a pasarla por las brasas; al sacarla nuevamente, sus dedos estaban ennegrecidos por las cenizas. Se llevó la mano al rostro y se pintó, sobre la máscara, una enorme sonrisa diabólica.

  Richard miró a su alrededor pero observó que los indios que lo acompañaban no tenían rostros, haciéndole sentir un vacío aún mayor al que hubiese sentido de haber estado solo frente al misterioso individuo.

   – ¿Quién eres, viejo?, ¿Búfalo Gris?

  El anciano se quitó la máscara, pero justo en ese instante Richard despertó; horrendos gritos lo hicieron levantarse de inmediato y salir de su carpa; pero afuera no encontró a los indios, solo quedaban trozos de carnes salpicando la tierra.

   El campamento había sido reducido a un montón de huesos cetrinos salidos de sus coyunturas y a cabezas arrancadas de sus troncos, con expresiones congeladas de terror. Alguien, o algo, había derramado sangre sin piedad tras convertir a los indios en piezas separadas unas de otras, en despojos hediondos, en carroña humana.

  Richard entró temblando a su tienda en busca de su rifle Winchester; pero al salir, algo le quitó el arma de sus manos de un zarpazo. Entonces lo vio: el Wingakaw estaba frente a él.

   La luna se escondió tras las copas de las secuoyas y el cielo se oscureció de repente. Richard solo distinguió unas sombras de los largos cuernos de la criatura y un par de ojos brillantes ubicados a unos dos metros y medio de altura.

   Varias extremidades surgieron de aquello que estaba frente a él; no eran miembros humanos, tampoco eran miembros animales; era algo desconocido para Richard.

   Y entonces solo le restó balbucear:

  – Oh, gran espíritu. No soy más que uno de tus hijos, soy pequeño y débil, soy carne y hueso, soy carne y hueso…




34 comentarios:

  1. Muy buen relato, está muy bien ambientado, creer o no creer en dioses y monstruos puede hacer la diferencia. El Wingakaw es de temer. Me parece muy buena la idea general para conectarlo con la canción. Abrazo!

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    1. Muchas gracias, Ale.
      Me gustó lo de "creer en dioses y monstruos", sobretodo porque relacioné a este relato con otros míos.
      Abrazo!!

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  2. En situaciones difíciles hasta los escépticos creen. Me ha gustado mucho el cambio de Richard Ford. En mi pueblo hay un dicho: "El hueso más duro de roer es el más sabroso". Un abrazo

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    1. Esa frase de tu pueblo va perfecta para lo que intenté mostrar en mi cuento.
      Abrazo, Ana Lía.

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  3. Es muy bueno Fede.
    Lográs un clima de tensión y confusión importante.
    Muy creativa la idea de desarrollarlo en un ambiente indigena donde las creencias son moneda corriente.
    Abrazo

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    1. Aprecio mucho tu visita y comentario, amigo.
      Abrazo grande.

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  4. ¡Genial! Cada vez es más difícil encontrar relatos en Internet de aquellos que no te saltes algunas líneas o, simplemente, no acabas de leer. Este me ha hecho mantener los ojos en la pantalla hasta el punto y final. ¡Felicidades! no sobra nada. No falta nada.

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    1. Muchas gracias por las palabras.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Abrazo.

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  5. Las cosas increíbles no tienen porque ser falsas ni las creíbles verdaderas. Richard lo descubrió demasiado tarde. Pero si el dicho del pueblo de Ana Lía es cierto, seguro que hizo un buen caldo.

    Has ambientado muy bien el cuento. Me gustó sobre todo la parte en la que el anciano se ensucia la cara con ceniza, es inquietante y muy visual.

    Un saludo.

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    1. Gracias, Santiago.
      Me habría imaginado que tu parte preferida sería la más antilógica.
      Saludos.

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  6. Gran relato, Federico. En primer lugar me ha hecho reír el final, (¿no que no creías?) pero hay más de fondo: el Gran Espíritu sólo se lleva a los infieles. Como siempre, dejas mucho en qué pensar. Saludos.

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    1. Me alegro de que te haya hecho reír, Carlo (esa era precisamente la pregunta que le habría hecho Búfalo Gris en ese momento).
      Me alegro también de que te haya dejado algo en qué pensar; también era esa mi intención.

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  7. Muy buen historia, al final Ford creyó, quizá no gracias a Búfalo Gris, o quizá sí .-), pero en definitiva por el temor al Wingakaw. Éxitos!

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    1. Gracias, Mery.
      Tal vez haya sido por Búfalo Gris, creo que nunca lo sabremos.
      Saludos!

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  8. Sí Fede, Gran Espíritu, me has hecho creer... Envolvente como la noche del desierto, como la pipa del hechicero, ese humo cargado de magia. Sí, me has hecho creer...

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    1. Lo que pasa es que vos sos un gran soñador, Miguel Angel.
      Abrazo.

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  9. Hola Federico.
    Me hiciste sentir miedo.
    Por fortuna no estoy allá porque seguro que entro en pánico.
    Me encantó tu cuento.
    Muy bien contado.
    Un gran abrazo.

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    1. Me alegro mucho de que te haya gustado.
      Otro gran abrazo para vos, Lucia.

      El Wingakaw también te manda un abrazo.

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  10. Me ha gustado mucho, sabes crear expectación, el personaje es muy real, es el duro de la "peli" y al final recibe su merecido

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    1. Gracias por las palabras, Paola.
      Ese es el modo en que quise que se viera Richard.
      Me alegro mucho de que te haya gustado.

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  11. Madre mía... Quién le mandaría no creer... ¡La que ha armado!
    Un gran relato, ambientado en una temática que me fascina. Un gran trabajo, sin duda.
    ¡Abrazos! ^^

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    1. Muchas gracias por tu comentario, Carmen.
      ¡Abrazos! :)

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  12. Déjame practicar el rezo por si acaso... entre este Wingakaw y el Innombrable de Ajenjo es mejor andarse con cuidado y no dárselas de incrédulo, aunque ese último gesto de Ford no creo que le haya servido de mucho, jejeje... Excelente relato, mi querido amigo y maestro Federico, lleno de misterio, leyenda y horror, una mezcla que es una bomba! Un abrazo creyente!

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    1. ¿Serán amigos esos dos? Tal vez el Wingakaw sea un súbdito o uno de sus muchos rostros.
      Me alegro de que te haya gustado, amigo Alonso. Abrazo!

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  13. Aunque un ateo diga Dios mío en un avión que está cayendo...
    cae igual

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  14. Me gustó mucho que estuviera ambientado en una tribu india, porque en cuestiones de creencias, estos siempre tienen un halo serio, respetable, que hace que lo que te dicen, te parezca cierto, por lo que si te dicen que reces porque si no un espíritu vendrá y te llevará, lo mejor sería que les hicieras caso, sin embargo, tu personaje no lo hace... y en este caso, en este relato tuyo, suerte que no lo hizo, pues aquí estaban muy equivocados con el espíritu, ya que hace todo lo contrario. No obstante, Richard no tiene muchas luces, y finalmente termina rezando cagado de miedo, lo que le lleva a la perdición, lo más seguro.
    La escena de la pesadilla, esa especie de premonición, está muy bien ambientado, y descrita.
    Un saludo, Federico.

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    1. Aparentemente rezarle es lo peor que se le puede hacer al Wingakaw; te doy la razón, quizas Richard habría tenido más oportunidades de sobrevivir si lo ignoraba y huía. Algunas cosas quedan a interpretación de cada uno porque los seres sobrenaturales como el Wingakaw tienen modos de manejarse demasiado complejos para la mente humana.
      La escena de la pesadilla es mi parte preferida de este relato, así que me alegra que te haya parecido así.
      Muchas gracias por dejar tu comentario, Ricardo.
      Un saludo, amigo.

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  15. Como ya es de esperar, un relato tuyo es una inmersión en la escenografía asegurada, un intenso regocijo de sensaciones y una huella imborrable en la retina, este no es la excepción. Terror, suspense y brillante desenlace. Te haré creyente y lo lamentarás, genial.
    Está noche rezaré a ese Winkaman o como se llame, me encanta provocar a las supersticiones.
    Un fantástico relato, Federico.
    ¡Abrazo, Amigo de las Letras!

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    1. Muchas gracias por el comentario, amigo de las letras. Me alegro de haberte grabado esta historia en la retina.
      Envíale mis saludos al Winkaman o como sea que se llame.
      ¡Abrazo grande, Edgar!

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  16. Sabes Federico, lo que mas me gusta de tu forma literaria de narrar las historias, ademas de que se visualizan muy bien, es lo generoso que eres, pues mientras no lo expresas el cuento te pertenece, tan pronto lo escribes y compartes, cada quien se adueña de su version. Tienes una forma muy particular de enlazar detalles y pones a volar la imaginacion de cada lector metiendonos de lleno en el escenario, y tengo la conviccion de que cada vez que se lea la misma historia la veremos desde una nueva perspectiva.
    Esta narración en particular me confirma lo poderosa que es la mente y lo peligrosa que puede resultar la duda, pues si Ford no hubiera tenido dudas no tiene esa primera pesadilla ni mucho menos la segunda donde sus dudas lo llevaron a creer y al mismo tiempo a justificar su incredulidad al confirmarse que ese supuesto Dios era malvado, Todo lo que ocurrio luego de que Ford se fuera a dormir desde mi optica fue todo un sueño, despues de que se durmió, nunca te ocupaste de levantarlo, al menos asi lo veo.

    Gracias generoso.

    Mi ser te respeta y admira tu forma literaria.

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    1. Tratándose de un dios, un demonio o lo que sea el Wingakaw, me gusta dejar a la imaginación del lector su modo de actuar, ya que de todas maneras escapa a la comprensión humana. Es por eso que este cuento es más bien un fragmento de una idea más grande y puede ser interpretada de varias maneras.
      Es una opción válida que Ford esté durmiendo hasta el final del relato, y entonces al despertar de esa reveladora pesadilla, seguramente se hará creyente.

      Muchísimas gracias por las generosas palabras, Harolina.

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  17. Este es uno de mis mounstros favoritos de tus relatos. Ademas de otros personajes. Pero este en especial me cae bien porque es bastante decidido.

    Y el cuento una excelente lección de arrepentimiento de ultimo momento. A veces es mejor seguir el dicho "a la tierra que fueres has lo que vieres". De esa forna no ofendes a nada ni a nadie. ¡ buenas noches!

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    1. Richard debió haberle hecho caso a ese dicho :)
      Es cierto, el Wingakaw no se anda con vueltas.
      Gracias por dejar tu comentario, Tere.

      Un saludo!

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