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domingo, 12 de abril de 2015

DESPERTAR


Pintura de Sandra Yagi


Sintió algo extraño, algo que surgió de la nada pero que a la vez siempre estuvo junto a él. Fue un sentimiento de vida.
Nacer es un hecho único del que no tenemos memoria. Sin embargo, cuando alguien regresa de la muerte, es consciente de ello y eso le permite disfrutar de ese momento apoteósico.
– Estoy… ¡vivo!
Todo era una luz blanca cegadora. Junto a su camilla de acero donde él reposaba comenzó a distinguirse una silueta; ¿era un dios, era un ángel o era un hombre?
– Usted me dio la vida. ¿Es usted una clase de doctor?
Llevaba una bata blanca cubierta de manchas de sangre. Tenía un rostro enjuto, cabello gris e indomable, cejas mefistofélicas y un rictus nervioso desde el labio hasta el pómulo izquierdo que hacía imposible determinar si estaba o no contento.
– Muchas gracias – continuó –, no tengo palabras suficientes. Tal vez cuando logre poner mis pensamientos en orden…; verá, aún no sé bien quién soy. Recuerdo haber sido un prodigio del violín, aunque también tengo imágenes mentales de un hogar muy humilde… Algo no cuadra…
Al mirar sus manos vio que unas cadenas lo sujetaban de las muñecas. Sin embargo, eso no fue lo que más lo sorprendió, lo que le pareció más extraño fue que aquellos brazos no eran suyos.
– ¿Acaso me ha formado con partes de muchas personas?, ¿será que cada uno de los diferentes miembros que me componen tiene sus propias habilidades y recuerdos?
Inclinándose para acercar la cara a sus manos logró palpársela; estaba llena de cicatrices que lo desfiguraban.
– ¡Mi rostro! ¡Soy un monstruo!
Hizo una pausa para recuperar el aliento y su reflexión lo aplacó:
– Supongo que era necesario para regresarme a la vida. Entiendo lo de las cadenas también, usted no tenía modo de saber a qué clase de individuo despertaría. No se deje llevar por mi apariencia, amigo; soy un hombre bueno y no siento más que agradecimiento hacia su persona.
El sujeto de la bata tomó un cuchillo y se lo clavó con fuerza en el abdomen a quien acababa de despertar. No pudo defenderse, el corte fue profundo y perfecto; sabía cómo realizarlo.
Lo mató sin decirle jamás el motivo. De todas maneras, pronto no hubo más preguntas, pronto no hubo más recuerdos.
El rictus nervioso de su pómulo izquierdo cesó dejando tan solo un gesto de satisfacción. Sacó los intestinos ensangrentados de la víctima y los lanzó a la caldera donde se incineraron en cuestión de segundos, luego se dirigió al depósito refrigerado y prendió una luz tenue. Buscó entre los ganchos oxidados y encontró un último intestino; estaba algo descompuesto, pero estaba completo y sería funcional para sus propósitos.
Después de varias horas de una nerviosa y descuidada cirugía, conectó a su paciente a una enorme maquinaria eléctrica y activó el interruptor.
Todos los músculos del cuerpo comenzaron a tensarse a medida que una enorme cantidad de corriente recorría su sistema nervioso. Cuando el doctor consideró que era suficiente, bajó el interruptor.
De pronto el individuo que estaba sobre la camilla sintió algo extraño:
– Estoy… ¡vivo!
El hombre de la bata guardó el cuchillo y tomó un hacha en su lugar, pero el que acababa de despertar no lo vio, pues todo era una luz blanca cegadora.


38 comentarios:

  1. Buff, vaya con el buen doctor. Hay ocasiones en que es mejor estar muerto. Buen relato.

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    1. Gracias por el comentario, D. A. Galan. Un destino peor que la muerte el del personaje, es cierto. Un saludo!

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  2. Un relato genial. me encantó.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por dejar tu comentario, Jorge. Me alegro de que te haya gustado.
      Abrazo.

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  3. Como siempre, sorprendente, aterrador... y me ha dejado una sensación de tristeza... Un abrazo!

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    1. Te agradezco mucho las palabras, Elena. Me alegra haberte entristecido con mi cuento.
      Abrazo grande!

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  4. ¡Dios qué fuerte!¡ qué pesadilla! Este pobre Frankenstein, supongo que morirá más veces. Crear vida por el gusto de acabar con ella sería un sueño para un gran psicópata. Muy bueno Federido.
    Un saludo

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    1. Así es, Yolanda; es el paraíso de un psicópata. Muchas gracias por el comentario.
      Saludos!

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  5. Un relato realmente perturbador, una brillante incursión en la psicosis humana.
    Con evidentes reminiscencias a la obra de Mary Shelley, una recurrente personificación para elaborar un despiadado juego en bucle de asesinato.
    Cabe saber si es por la sencilla razón de experimentación o si se trata de una cruel venganza in extremis.
    Me gustó imaginar que ese doctor no es un psicópata corriente, si no un ser al que le han arrebatado lo más querido y que lleva a cabo su venganza elevada al mayor exponente, pero esa solo es una interpretación. ;)
    Brillante y fascinante relato Federico.
    ¡Un abrazo amigo de las letras!

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    1. Solo se puede imaginar lo que le sucedió al asesino recursivo, aunque la idea de una venganza es una buena posibilidad. Me pareció que lo peor que le podía ocurrir a la víctima, además de ser asesinado una y otra vez, era no saber siquiera la razón.
      ¡Abrazo, amigo de las letras! Gracias por el comentario.

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  6. Muy interesante, te absorbe la intriga que dejas en claro al final,
    juega con la sensatez dependiendo quien lo lea.
    Excelente relato, que tengas mucho éxito querido,
    Federico Rivolta, amigo recibe un abrazo y mí sincera admiración.

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    1. Muchas gracias por las palabras, Lupita! :)
      Abrazo grande, amiga.

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    2. ¡La Vírgen, Federico! . Que relato más terrible. Pero lleno de guiños literarios y cinematográficos. Un poco de Frankenstein, un poco de Re-animator, un poco de Dexter, un poco del Hostel tarantiniano.....Una mezcla explosiva aderezada con unas gotas de tu genio. Abrazos.

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    3. Tiene cosas de Frankenstein y de nuestro querido Herbert West. Ahora que lo mencionás, creo que tiene un sadismo similar al tarantiniano. A Dexter no lo miro, pero al parecer debería gustarme por lo que decís.
      ¡Abrazo, Fernando!

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  7. Wow que relato, que gran imaginacion para crear estas hostorias y enganchar a tus lectores en la trama, me encanto.

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    1. Me alegro de que te haya gustado, Orutrasiul. Muchas gracias por el Wow y por las palabras.

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  8. ¡Pero que doctor más psicópata! ¡Menos mal que el pobre de la mesa no recuerda sus anteriores muertes! ¿A lo mejor es lo que busca el doctor? Porque algo tiene que buscar. En fin, solo le queda un último intento. Supongo que después buscará más ¿Donde los encuentra? Todo en el texto es aterrador. Muy bueno. Un abrazo Federico.

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    1. Imagino que le clavará el hacha en la cabeza y que tiene varias en el depósito, pero solo se puede conjeturar con ese doctor.
      Muchas gracias por el comentario, María. Me alegra que te haya parecido aterrador.
      Abrazo grande!

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  9. Pobre hombre. Lo malo es que médicos parecidos a ese, existen en la vida real.

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    1. Espero no ser paciente de ninguno de ellos.
      Gracias por la visita, Mercedes!

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  10. Tenebroso y triste a la vez... me gustó!
    Abrazo!!

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    1. Me alegro de que te haya gustado, Diana. Gracias por dejar tu comentario.
      Abrazo!!

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  11. Inquietante y aterrador relato... Ese rictus del doctor pone los pelos de punta, esa inexpresividad, esa mudez, frío como el hielo.
    Creo que es uno de los mejores asesinos que he visto o leído nunca; un perturbado en toda regla. Una mezcla de científico a lo Frankestein y asesino en serie de la misma víctima: crea vida, haciendole nacer una y otra vez, para volver a acabar con él, una y otra vez. Menos mal que a la víctima se le olvida, si no sería de las mayores torturas, desde luego.
    Un asesino extremadamente original, Federico. Un relato fantástico y ameno gracias a ese buen ritmo tuyo de párrafos cortos y frases directas.
    Un saludo.

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    1. Tu comentario transformó mi rictus nervioso en una sonrisa.
      Muy buena lectura la tuya. Imaginé que al morir y al despertar con partes del cuerpo cambiadas, la víctima tardaría en recordar lo último que le sucedió, y el asesino no podría aguantarse mucho las ganas de matarlo, haciéndolo sin esperar a que el otro ponga sus pensamientos en orden.
      Un saludo, Ricardo.

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  12. Saludos, escalofriante relato. La verdad que unas jornadas terribles tanto para la víctima como para el victimario. Èxitos!

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    1. Muy buena tu reflexión, Mery! Propiciar un castigo como ese no puede ser sano para él tampoco.
      Me alegro de que te haya resultado escalofriante.
      Gracias por tu comentario!

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  13. Me ha hecho mucha gracia el estilo de hablar tan "académico" de la primera "víctima". Queda un tanto raro dentro de la escena pero le da un toque esquisito y aterrador.

    ¡Otro relato para enmarcar Federico!

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    1. Jajaja. Es cierto, quise que contrastara por lo verborrágico y simpático con el "doctor"; quizás se me fue un poco la mano, pero es que cada vez que le di la oportunidad de hablar no había modo de pararlo..., a menos que fuese con un cuchillo, claro.
      ¡Muchas gracias por el comentario, Oskar!

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  14. ¡Por dios, Federico! Esto es el colmo del sadismo... Primero crea a su propio Frankestein para matarlo de un cuchillazo, para después devolverle a la vida, arrebatándosela antes de poder reaccionar siquiera... Qué monstruo...

    Muy bueno, aterrador y cruel, pero muy bueno. Me ha dejado... ufff... no sé ni cómo expresarlo.

    ¡Un abrazo! Y hasta la próxima ;)

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    1. Has sabido expresarlo muy bien para darme una alegría. Es cierto, se me ocurrió esta situación como un caso extremo de sadismo.

      ¡Abrazo grande, Carmen! Muchas gracias por tu comentario :)

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  15. Hola Fede.
    Un relato escalofriante y aterrador.
    Ser victima de la experimentación científica en manos de un loco e inhumano doctor.
    Tu protagonista a pesar de todo seguía conservando su esencia pura y cristalina.
    La lucha del bien contra el mal, la luz y la oscuridad, el fuerte contra el débil. La sombra y nuestra parte más oscura que se manifestó de la forma más cruel y destructiva. Un ser sin sentimientos ni consciencia.
    Me congeló la sangre.
    Dejé un comentario anterior, pero parece que no se registró.
    Un abrazo.

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    1. El protagonista parece conservar su ilusión a pesar de todo, porque parece no tener memoria de lo que le sucede.
      Me alegro de haberte congelado la sangre con mi relato, Lucía.
      Aprecio tu comentario.
      Abrazo grande!

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  16. Probablemente es sólo idea mía, pero tengo la idea de que lo que el doctor quería era crear un monstruo y al ver que cada vez que el hombre despertaba seguía siendo un ser noble él lo mataba e intentaba nuevamente. No sé, esa fue la idea que tuve cuando buscó los intestinos. Pero claro, esa es sólo mi mente. Excelente relato como siempre.

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    1. Es una muy buena manera de verlo, Jorge; en busca del monstruo perfecto...
      Gracias por tu atenta lectura y el comentario.
      Abrazo!

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  17. Este realto es genial, nos da la oportunidad de convertirnos en victimas y asesinos a la vez. me encantan las historias espeluznantes y sangrientas a pesar de ser tan emotiva y sensible, pero soy asi de contradictoria. Estoy segura de que Dexter (me encanta su fria crueldad justificada para el bien) es el maestro de este doctor. Pero lo que realmente percibí en esta narración es que los doctores somos nosotros, y la victima es nuestro nuevo dia, cada dia lo matamos de diferentes maneras, segun el grado de amor o crueldad que tengamos en ese despertar diario, si hacemos una introspeccion cada noche de seguro que nos daremos cuenta de que en muchas ocasiones hemos actuado como es doctor, asesinando cada dia una y otra vez de mil formas diferentes y horripilantes, de nosotros depende darle una muerte tranquila y honorable, porque definitivamente que lo tenemos que asesinar eso es irremediable.

    Te exhorto a seguir creando estas historias ya que al parecer se te dan muy bien. Felicidades sanguinario. Mi respeto para usted.

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    1. Muy interesante tu reflexión, Harolina. Me has dejado pensando. Supongo que para que un futuro nazca, es necesario que muera parte del pasado.
      Muchas gracias por tu apoyo. Seguiré llenando de sangre este blog.
      Saludos.

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