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miércoles, 22 de abril de 2015

UNA GOTA DE SANGRE




El viaje había sido insoportable. Tres adultos y cuatro niños inquietos fueron demasiado para esa camioneta sin aire acondicionado. Ya estaba oscureciendo en el Blackwood Apart cuando llegó aquel matrimonio con sus dos hijos preadolescentes, dos niñas gemelas y el viejo tío Mike.
El lugar estaba rodeado por un bosque de pinos, y a lo lejos se podía observar algunas colinas, ríos y lagos; todo el sitio era una promesa de paz y aventuras, dependiendo del gusto de cada uno.
Bajaron del vehículo y el padre de los niños se acercó a la recepción a buscar las llaves de las dos cabañas que había reservado por teléfono.
– Cada cabaña tiene dos habitaciones pequeñas – dijo al regresar –, una con cama matrimonial y otra con dos camas encimadas. ¿Cómo dormiremos?
– Ustedes duerman en una cabaña con las gemelas – dijo el tío Mike –; yo dormiré en la otra con los muchachos.
El fornido sujeto dijo esto mientras sacudía las cabezas de Franky y Alex despeinándolos con sus enormes manos.
Luego de acomodarse, cenaron todos juntos en la cabaña del matrimonio y las gemelas mientras la ventana mostraba una noche clara de luna llena. No parecía haber muchas cabañas ocupadas, y los únicos ruidos que se oían eran los de los grillos y algunos animales a lo lejos. Terminaron de cenar y Mike con sus sobrinos se fueron a acostar. Todos estaban cansados del viaje, todos excepto Franky y Alex.
– Vayan a dormir, muchachos – dijo el tío Mike –; mañana los despertaré temprano e iremos a pescar. Si se portan bien les contaré lo que me ocurrió una noche en el lago Tihuapec.
Minutos después, Mike estaba roncando en su habitación ocupando toda la cama matrimonial. Los dos jóvenes fueron con gusto a poco a sus camas marineras.
– ¡Canto la de arriba! – dijo Alex.
– No me hagas reír, enano – dijo Franky –. Soy el mayor, a mí me toca la cama de arriba. Antes de que nacieras ya canté que tendría la de arriba por siempre.
Alex se quedó entonces con la cama de abajo.
Los dos hermanos se quedaron hablando con susurros para no despertar a su tío, aunque de todos modos Mike era de sueño pesado.
– No puedo dormir, Franky; el tío ronca demasiado fuerte.
Era cierto.
– Debes hacerlo, ¿acaso no sabes dónde estamos, enano? En esta región se juntaban los indios a rezar; le pedían al Wingakaw que no se los comiera.
– ¿A quién? – preguntó Alex.
– Al Wingakaw – dijo Franky –, también conocido como “El devorador de almas”. Si no te duermes, lo harás enfurecer.
– ¡Eso es mentira!
– Eso es precisamente lo que quiere el Wingakaw, que no creas en él, que te rías; entonces vendrá a buscarte, atravesará las paredes convertido en un espectro y al despertar verás cuatro ojos rojos brillando en la oscuridad.
– ¿Y qué me hará? – preguntó Alex mientras se cubría con su manta.
– Pues te reducirá a un charco de sangre. Devorará tu carne, tus huesos… y tu alma.
El joven temblaba en su cama.
– ¡Basta, Franky! Me estás asustando.
Los muchachos quedaron en silencio y lo único que se escuchó en aquella cabaña fueron los ronquidos del tío Mike.
– ¿Franky…?, ¿ya te dormiste?
Franky no contestó.
En la oscuridad casi absoluta, Alex alcanzó a ver formarse una mancha oscura en la parte inferior del colchón de su hermano mayor. De repente algo cayó en su rostro. Una gota. Una gota de sangre.


24 comentarios:

  1. ¡Oh my Cat! Vaya colección de creyentes que lleva el bicho. Me gusta como castigas a los malos en tus cuentos! Me gustaría ir de acampada y pescar, pero no allí señor Nepalí. Me gustaron mucho los guiños a "Te haré creyente" y "Pesca nocturna en el lago Tihuapec", muy buena trilogía. Pensé que ibas a cebarte con las gemelas pero me alegro que no fuera así :) Un fuerte abrazo, Fede (te imagino con sombrero de sherpa ahora)

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    1. Muchas gracias por el comentario, Ana Lía. Me alegra que te hayan gustado los guiños y el castigo. Yo no soy de ir de acampada ni a pescar, pero las historias que se suelen contar en esas situaciones son muy divertidas.
      Abrazo grande!

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  2. Estremecedor relato Federico, me ha encantado, terror de campamento, un cuento para agitar y desvelar almas alrededor del fuego. Buenos guiños a otros relatos tuyos, "Te haré creyente" no lo he leído, lo leeré, a Mike si que lo reconocí.
    Una diabólica criatura más en tu lista de horribles seres. Apasionante lectura.
    Un abrazo, amigo de las letras!

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    1. Me alegro mucho de que te haya encantado, Edgar!
      Cuando Mike despierte seguro se alegra de que lo reconozcas.
      Abrazo grande y gracias por el comentario.

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  3. Menudo final cardiaco. Dejas con ganas de más. ¿Qué pasa con los además? Me ha encantado. Un abrazo.

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    1. Gracias por el comentario. Me alegro de que te haya gustado.
      Considerando a Alex el protagonista, el hecho de que termine la historia ahí podría indicar que el Wingakaw no se quedó conforme con una sola víctima; aunque queda a interpretación de cada uno.
      Abrazo, María.

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  4. Una historia que me dejo con muchas ganas de ver, quien se atreve a ser malo de noche y en un lugar extraño.
    Un saludo !!!!

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    1. Gracias por la visita y el comentario, Jesús! Un saludo.

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  5. Bueno guardare mi carpa, iré a acampar en otro momento . Muy buen relato Federico!

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    1. :) Lamento haberte arruinado el campamento, Tania.
      Muchas gracias por el comentario!

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  6. ¡Pobre chaval! ¡Lo ha reducido a un charco de sangre! Aggghsss... Quién le mandaría meterle miedo a su hermano...

    Desde luego, has conseguido que la próxima vez que vaya a una acampada no pueda dormir tranquila. Muy bueno, porque sin ser explícito, uno puede ver el horror de esa escena.

    Comparto :) Un abrazo!!

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    1. Así es, el Wingakaw parece haber hecho justicia, aunque se le fue la mano...
      Me alegro de que te haya parecido bueno y lamento haber arruinado tu próxima acampada.
      ¡Abrazo, Carmen!

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  7. Hola Federico, como siempre disfrute de tus letras, el final fue escalofriante , ya que imaginaba paso a paso toda la historia. Un abrazo desde NY.

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    1. Una alegría para mí saber que disfrutas de mis letras, Hilda. Gracias por tu comentario.
      Un abrazo desde Bs As.

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  8. Hola Fede.

    ¡Que macabro!
    ¡La manifestación de sus deseos hechos realidad!
    Un final escalofriante.
    Un gran, gran abrazo.

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    1. Gracias por el comentario, Lucía.
      Sé que cuando pasas por aquí prefieres encontrarte con un cuento que no sea de terror, así que perdón por el escalofrío :)
      ¡Abrazo grande!

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  9. Desde luego es una historia que se podría contar alrededor de una hoguera una noche de campamento. Envuelve a al relato una oscura y tensa atmósfera, incluso en los primeros momentos, cuando está la familia feliz por sus vacaciones. Finalmente se convierte en un horror. Muy bueno el detalle de las literas para luego describir esa mancha que se forma en la parte inferior del colchón de arriba.
    Me gustó la relación de personajes con tus otros cuentos. ''Te haré creyente'' no le he leído, pero lo haré. Espero que no me haga hacerme creyente, si sucede lo que yo pienso...
    Un abrazo Federico.

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    1. Estoy seguro de que con los mínimos elementos ya te debes imaginar una atmósfera de lo más terrorífica, Ricardo.
      Muchas gracias por dejar tu comentario.
      Abrazo!

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  10. Me ha traído el recuerdo de esas noches de historias de miedo alrededor de fogatas, risas y juventud y el miedo que pasaba entonces y ahora con tu relato.

    Como siempre "escalofriantemente" bueno Federico.

    Un saludo

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    1. Me alegro de haberte recordado a esas risas y miedos, Conxita :)
      Muchas gracias por el comentario.
      Un saludo!

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  11. Ya está, Federico, ya me has asustado! a ver cómo me voy ahora a dormir???
    Pobrecillo el chiquillo... El sustazo que se llevará su hermano...
    Me ha gustado mucho el relato, terror alrededor de la hoguera. Genial como siempre Federico Besos

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    1. Lamento haberte quitado el sueño, aunque también me alegro por ello.
      Muchas gracias por las palabras, Mercedes!
      Besos.

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  12. Eso pasa por burlarse del Wingakaw, ¡mocoso insensato!

    Ja, ja, ja, ja, ja... Hey ¿Qué es eso que atraviesa la par...

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    1. Jajaja. Saluda a Wingakaw de mi parte.
      Abrazo, Andrés!

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