Leen este blog:

lunes, 14 de marzo de 2016

EL CORCEL NEGRO, SEGUNDA PARTE



Para leer la primera parte, haz click aquí:
EL CORCEL NEGRO, PRIMERA PARTE





"Cuando bordeamos un abismo
y la noche es tenebrosa,
el jinete sabio suelta las riendas
y se entrega al instinto del caballo"
Armando Palacios Valdés



No se trataba de una lluvia cualquiera; había algo en el aire que nos causó una mala sensación a todos los miembros de la familia. Hasta mi tío Carlos dejó el té y las galletas para asomarse a la ventana; fue la primera vez que lo vi dejar un plato lleno desde que perdió su trabajo y vino a vivir con nosotros.

Las nubes se acumularon y oscurecieron el cielo y la tierra. De repente surgió un haz de luz y alguien descendió del firmamento; se trataba de un jinete y su caballo blanco.

De otro punto del cielo surgió un segundo haz y apareció un nuevo caballero. Su corcel era rojo; del color de la sangre.

Un tercer rayo de luz dio lugar a un jinete sobre un caballo bayo. Aquel sujeto estaba cubierto por una túnica negra, y llevaba una enorme guadaña.

Yo estaba sorprendido, pero a la vez sabía lo que estaba a punto de ocurrir. Entonces sucedió: un cuarto haz dio aviso de su llegada. El último jinete montaba el hermoso corcel negro que se había extraviado y llegado a nuestro campo unos días atrás.

Los cuatro avanzaron a la vez hacia la tierra, galopando en el aire. El individuo del caballo blanco se puso delante de sus compañeros y su armadura plateada nos encandiló. Luego sacó de su espalda un arco dorado y comenzó a lanzar flechas hacia diferentes lugares. Una de ellas se dirigió al techo de nuestro hogar, y enseguida se prendió fuego y la casa se llenó de humo, obligándonos a salir corriendo de allí.

Afuera estábamos aún más desprotegidos, pero no encontramos sitio en donde refugiarnos debido a que todas nuestras edificaciones estaban en llamas: el garaje, el galpón, el gallinero… Lo mismo sucedía con las casas de nuestros vecinos, que humeaban a lo lejos ahuyentando a sus habitantes.

El sujeto del caballo rojo voló hacia nosotros como una ráfaga, sosteniendo en alto una espada. Al llegar al ras de la tierra le cortó la cabeza a mi tío Carlos, y su cuerpo cayó muerto junto a mí. Mis hermanos y yo gritamos y lloramos, y antes de que el caballero de la espada regresara fuimos todos corriendo a escondernos entre los árboles.

Un incendio se propagó a nuestro alrededor, nuestras plantaciones ardían y también nuestro ganado. Vi a las vacas corriendo con sus lomos encendidos; no había nada que pudiéramos hacer para salvarlas. Me acerqué a mi padre y lo abracé con fuerza:

– ¿Qué está pasando? – pregunté.

– Es el fin del mundo, hijo – dijo mientras las lágrimas de sus ojos reflejaban el fuego que nos rodeaba.

Todos nos quedamos mirándolo, y él hizo un ademán intentando que nos calmáramos, pero no le salieron las palabras.

En ese momento se escucharon unos fuertes crujidos; eran los árboles que se ennegrecían y caían muertos al suelo. Allí, en un claro, se encontraba el jinete de la guadaña. Bajo la túnica negra que llevaba podía verse su rostro de calavera. Venía avanzando hacia nosotros, despacio, pero en forma indefectible. Mientras se acercaba iba tocando uno a uno los troncos con la punta de su arma, y éstos se secaban al instante.

Comenzamos a correr de nuevo y llegamos al establo, que por suerte se había salvado de las flechas y permanecía en pie.

A pocos metros del lugar yo tropecé. Nadie lo notó excepto Juan, mi hermano mayor, quien entró al establo sin decir palabra. Juan siempre fue un idiota.

Todos ingresaron y mi padre comenzó a cerrar el portón, pero cuando me vio se detuvo. Entonces el ser de la guadaña aterrizó frente a él, obligándolo a terminar de cerrar el portón para proteger al resto de la familia.

Quedé tirado en el suelo, vulnerable, y cuando el caballero de rostro de calavera me vio, vino hacia mí. Su cara no era más que de hueso, pero aun así me pareció verlo sonreír:

– Ha llegado tu hora, muchacho; yo no perdono.

En ese momento el jinete del corcel negro aterrizó a mi lado:

– ¡Alto! – dijo – Él es mío. Él es el niño que robó mi caballo.

– ¡Yo no lo robé! – dije – ¡Yo solo lo estaba cuidando!

Se quitó la capucha y entonces pude volver a ver su cráneo repleto de gusanos que entraban y salían por cada orificio. También estaban allí los enormes ciempiés recorriéndole la frente, devorando restos de piel putrefacta de su cuero cabelludo.

El corcel negro dio unos pasos hacía mí y exhaló con fuerza:

– ¡No lo hagas! – grité – ¡Yo te cuidé!

Creí que sería mi fin, pero entonces el caballo se paró sobre sus patas traseras y tiró al jinete al suelo. No entendí por qué lo hizo hasta que me acercó la cabeza para acariciarme el hombro. Lo sujeté de las riendas y me ayudó a ponerme de pie, y luego subí a él de un salto.

Corrimos dejando a su dueño anterior en el suelo. Luego de alejarme varios metros volteé la cabeza y vi que el ser de la guadaña lo ayudaba a subir a su caballo, y así ambos se retiraron volando de nuestras tierras; el ataque había terminado.


_____________________


El hermoso corcel negro se quedó conmigo por siempre. Se ve feliz, sano, soberbio. Nos llevamos muy bien y nadie más que yo lo monta. Él es mío, solo mío.

La vida en mi hogar es diferente ahora. Las tierras comenzaron a secarse; ya nada crece en ellas. Los animales mueren a diario, de hambre, de sed; incluso aunque se los alimente, ellos parecen desear morir de inanición. Las aves han abandonado los árboles y solo quedan unos nidos vacíos que comienzan a desarmarse. Mi familia ha empezado a mirarme como si yo fuese el culpable de aquellos cambios. De todos modos nada de eso me afecta demasiado.

Cada día que pasa estoy más apegado a mi caballo y me siento de maravilla. Lo único que me preocupa es que estoy algo delgado, pues desde hace unas semanas he perdido el apetito.







Si te gustó esta historia tal vez te guste:
SIETE ALMAS
EN EL NOMBRE DEL PADRE
EL SECRETO DE ISABEL

19 comentarios:

  1. Federico los jinetes del apocalipsis han dejado bien claro sus intenciones, muerte por doquier, pero el jinete de la hambruna encontró su sustituto en ese niño, por eso aparentemente lo perdonó, pero en realidad ya lo había seleccionado, y envió su corcel negro primero para establecer la conexión, y este lo engulló con su encanto mágico de tal forma que lo hizo su perfecto sucesor.

    Escalofriante y malvado todo tu relato, aunque como siempre dejes entrar algo de claridad perdonando a la familia. Como se nota que Juan es un estorbo para el nuevo jinete del corcel negro, esperemos que no resulte vengativo ese niño, aunque ya ha empezado a dejar de comer y necesariamente tiene que comer de la vida que existe a su alrededor, por eso la estará exterminando toda.

    Fabulosamente creativo y malvadamente entretenido.

    Saludos especiales para el antiguo jinete y mis respetos para ese negro corcel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy interesante tu interpretación, Harolina.
      Me alegra que te haya parecido tan fabuloso y malvado mi relato.
      No sé qué ocurrirá con Juan. Es bueno que lo destacaras. Quise darle tintes bíblicos, y entre ellos agregué la rivalidad entre hermanos.
      Muchas gracias por el comentario. Me voy galopando contento.

      Eliminar
  2. Tremendo y como siempre nos deja reflexivos. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Mercedes.
      Me alegra tremendamente que te haya parecido así.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  3. Me pareció divertido que los cuatro jinetes del Apocalipsis se hubiesen retirado así como si perdieran un partido de polo xD
    Queda entre visto que buscarán la revancha ¿no?

    El fin del mundo suele no ser el fin de todo. A veces, significa solo un cambio de era. Las nuevas generaciones traen consigo un nuevo mundo que preservar-exterminar.
    Un abrazo amigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, amigo; a veces para construir es necesario destruir algo anterior.
      Quizás no fue tanto una retirada sino una pronta sustitución de uno de sus jinetes... o de uno de sus caballos.
      Abrazo grande, Axl.

      Eliminar
  4. Me gustó la imagen de los jinetes bajando, las corridas y la decisión del padre: salvar a uno o al grupo? Quién es el débil allí? Mucha acción que me gusta para verlo como un film, un corto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por el comentario, Walter.
      Me alegra que te haya gustado.
      La audición para los que actuarán de jinetes será algo muy interesante de ver.
      Un saludo!

      Eliminar
  5. El regreso del corcel negro, en busca de su nuevo jinete, nos muestra el poder del animal sobre el hombre. Me pregunto: ¿Quién cabalga a quién? La hambruna se ha apoderado de un nuevo ser que deberá llevar a cabo su legado, y esta transformación ha sido llevada a cabo por la noble y oscura bestia. El corcel ha elegido al digno sucesor. Una secuela excelente que redondea aún más si cabe este bíblico texto del apocalipsis. Muy bueno, Federico.
    ¡Abrazo, mi buen amigo de las letras!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy buena pregunta, Edgar. Eso es algo que quería marcar en este relato, si el que tiene el poder es el jinete o el caballo.
      Me alegra que te haya parecido así, mi buen amigo de las letras.
      ¡Un fuerte abrazo!

      Eliminar
  6. Excelente relato como siempre Federico.
    Ese corcel me encanto en la primera parte ahora me gustó aun más.
    Es curioso y fabuloso como puedes encontrar la felicidad aún cuando los demás piensen que eres el causante de su tragedia.
    ¡saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro mucho de que te haya gustado el relato y el corcel, Tere.
      Gracias por tu comentario y curiosa reflexión.
      Saludos!

      Eliminar
  7. El corcel negro reclamando su jinete hambruno y nadie mejor que ese muchachito que lo cuidó y que ahora cada día que pasa es mejor candidato de la hambruna... No le veo nobleza a este corcel, sino puro egoísmo.
    Buena idea darle otra vuelta más de tuerca a los "famosos" y bíblicos jinetes apocalípticos, que tanto terror han dejado impreso en nuestro inconsciente, pero que haciendo buenos ejercicios de imaginación como este tuyo, se hace posible otra realidad menos terrorífica, o al menos esta es mi opinión.

    Un cordial saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es cierto, no parece ser un corcel muy noble. Tampoco quise ponerlo como que es totalmente malo, ya que supongo que tendrá sus motivos para hacer su trabajo.
      Muchas gracias por tu atenta lectura y comentario, Estrella.
      Un saludo.

      Eliminar
  8. El caballo eligió un sucesor, ahora el otro jinete quedará relegado en el olvido, ¡qué lástima! con lo difícil que es encontrar un trabajo digno, ;)

    Me gustó la primera parte y está me encanta Federico, ahora falta por saber que será del chico...

    Un fuerte abrazo!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me sacaste una sonrisa con tu comentario, Irene :)

      Cuando escribí la primera parte no pensaba escribir la segunda, fue algo que se me ocurrió después. Por eso quedaron en entradas separadas del blog. Del mismo modo no sé si habrá una tercera y qué sucederá exactamente con el chico.

      Abrazo grande!

      Eliminar
    2. Frenétio relato. Hace tiempo que leí la primera parte (no pensé que iba a haber segunda) así que tendré que leerla de nuevo. ¿Habrá tercera parte? ¿Buscarán revancha los jinetes?
      Sólo me toca esperar supongo. Saludos...

      Eliminar
  9. Respuestas
    1. Gracias, tenebroso amigo.
      Yo tampoco tenía pensado hacer la segunda parte cuando subí la primera; fue algo que surgió después.
      Saludos, Jorge!

      Eliminar