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jueves, 2 de marzo de 2017

LA CIUDAD QUE PERDIÓ SU NOMBRE




Llovía cada vez con más fuerza y apenas podía mantener los ojos sobre la ruta. Había conducido durante más de diez horas. Calculé que faltaban otras cinco para el siguiente poblado, pero entonces llegué a una ciudad que no conocía.

En la entrada solo se leía “Bienvenidos a”; la parte inferior del cartel estaba corroída por el óxido y era indescifrable. Entré a buscar hospedaje para pasar allí la noche y encontré un lúgubre escenario de calles desérticas; no había luces, no se oían ruidos, y los vehículos estacionados daban la sensación de llevar años descompuestos. De pronto hallé la señal luminosa de un hotel.

En la recepción me atendió una anciana con los ojos blancos; completamente ciega. Busqué a mi alrededor algo que me indicara en dónde me encontraba, pero no pude hallar diarios ni revistas. Estuve a punto de preguntarle a la recepcionista, cuando sonrió mostrando unos escasos dientes, dándome la sensación de que era mejor no decirle que estaba perdido.

Me sorprendieron los precios del hotel, demasiado altos para el mal estado en que se encontraba, y me parecieron aún más altos cuando la anciana dijo unas aclaraciones:

– Debe pagar en efectivo y por adelantado. La casa no se responsabiliza por los objetos perdidos. La caldera se rompió, por lo que no hay agua caliente. El baño está al fondo del pasillo. El agua de aquí no es potable y tampoco vendemos bebidas.

Le di el dinero y fui en busca de mi dormitorio. Subí las escaleras y caminé por un pasillo angosto con mala iluminación. Todo el hotel estaba en silencio; los huéspedes estarían durmiendo, o bien yo era el único allí.

Llegué a mi habitación; era pequeña, y los muebles parecían ser de otro siglo. Al levantar la frazada vi que el colchón estaba lleno de humedad, así que lo volví a cubrir.

A medianoche seguía mirando al techo sin poder dormir. Estaba empapado en sudor, y sentía una toxicidad en el aire que me dificultaba la respiración. En un momento las manchas en el techo y las paredes comenzaron a dibujar hórridas figuras, que giraron en una espiral hipnótica formaron rostros suplicantes. Luego todo convergió en la roseta del centro, y una explosión me hizo sentir que me había quedado dormido con los ojos abiertos.

El techo de la habitación se convirtió en cielo. Todo a mi alrededor fue cielo y tierra, y la tierra estaba vacía. Me convertí en molécula y caí en un caldo primitivo. Había perdido mis sentidos, ni siquiera me sentía respirar. Me acoplé a otras moléculas y entonces sí comencé a sentir.

Me dividí y ya no estuve solo. Continuamos dividiéndonos, llenando ríos; nos complejizamos, llenando mares.

Fui planta, fui animal. Comencé a reptar por la costa mientras mis aletas se transformaban en garras, y continué caminando hasta volverme mamífero y ave.

Descubrí el fuego y entonces fui hombre. Al principio no quise pensar que yo mismo me había creado y me proclamé hijo de un ser divino. Mirando atrás vi que estaba hecho de los mismos materiales que los demás seres vivos, y que respirábamos un mismo aire. Las plantas fueron conscientes de ellos mucho antes, y sus raíces crecieron y sus ramas florecieron, formando incontables conexiones. Me sentí parte de aquella conciencia colectiva y de pronto las palmas de mis manos se volvieron permeables.

Con solo estrechar la mano de otras personas pude intercambiar líquidos y alimentos. Luego intercambiamos sentimientos e, incluso, material genético.

Junto con todos los seres de la Tierra nos convertimos en un único ser viviente, que contempló al Sol y creyó estar solo durante siglos. Un día supo que otros planetas también estaban vivos, y se comunicó con ellos mediante redes fuera de los sentidos humanos. Las redes se intensificaron hasta hacerse continuas, hasta que todos los planetas de la galaxia se fusionaron.

Lo mismo sucedió con las demás galaxias, y esas criaturas galácticas se comunicaron entre ellas, creando planetas, apagando estrellas. Luego se acercaron unas a otras hasta formar una criatura gigantesca, que cubrió los confines del cosmos.

Ser y universo fueron uno; Dios había nacido.

El techo volvió cerrarse sobre mí y me di cuenta de que ya había amanecido. Bajé a la recepción y no vi a la anciana ciega, en su lugar había una mujer joven. Muy bella, por cierto.

Al salir a la vereda me encontré con un día soleado. Las calles estaban repletas de gente, sobre todo de niños. Continué mi viaje y decidí no buscar jamás el sitio en un mapa pues tengo la sensación de que jamás lo encontraré.

Quizás aquello fue un sueño, o lo fue el viaje entero. Quizás llevo años soñado que no estoy muerto. Prefiero creer que me quedé despierto en aquel hotel, y vi a Dios nacer, la noche que visité la ciudad que perdió su nombre.






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12 comentarios:

  1. Caramba con el relato. Al principio se me antojaba un relato de terror clásico, al más puro estilo King, pero luego se transformó en una experiencia que me ha recordado a la película El árbol de la vida, con el visionado de nuestros orígenes y evolución vista hacia atrás, hacia el inicio de todo. Y ese final abierto, acaba de rematar la intriga.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por dejar tu comentario, Josep.

      Muy buena película El árbol de la vida. Recuerdo que, luego de verla con un amigo, nos quedamos un largo rato sorprendidos y conversando sobre ella.

      Abrazo!

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  2. Con este relato que esperaba que el terror marcara la noche, nos ha llevado a el nacimiento de los orígenes de la vida. Un relato que nunca me sorprenderá de qué mente sale. Me ha gustado. Un abrazo

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    1. Te agradezco el comentario desde las profundidades de mi mente.
      Me alegra que te gustara, María.
      Un abrazo!

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  3. Federico este relato es una joya, cuando crees que va a venir Jason con su sierra eléctrica, todo se torna sutil, filosófico y divino.

    Nos haces reflexionar sobre la realidad a vida, cuando el cansancio y agotamiento te doblegan tienes dos opciones, o te resistes y lo sufres en carne propia, o te entregas y relajas, haces una breve parada y terminas en el paraiso.

    Hay mucha profundidad reflexiva en este relato, en este sueño o en este despertar de la consciencia. Con aceptar la existencia de Dios, su nacimiento en su corazón, y la conexión de este con el todo, el panorama le cambió de la noche a la mañana.

    Con razón el pueblo no tenia nombre, no se puede nombrar lo innombrable.

    Fue un verdadero placer leerte amigo. El relato tiene un sorpresivo giro y un sorprendente final, Si llegas a saber donde esta el pueblo no dudes en avisarme, me gustaría visitarlo.

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    1. Te agradezco la atenta lectura y el comentario, Harolina.

      Un placer saber que mi relato te hizo reflexionar y haberte sorprendido.

      Si averiguo el nombre del pueblo, te lo pasaré. Aunque quizás el lugar sea innombrable (buena observación la tuya); en dicho caso te conseguiré un mapa.

      Saludos!

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  4. Para mí que no vendían bebidas, pero en el aire flotaban partículas de D.M.T o vapores de Ayahuasca... ¡Tremendo viaje! Y además lo siento cómo algo más que ficción, me vibra esa experiencia cómo estructuralmente universal.
    Me gustaría visitar ese pueblo sin nombre, y hospedarme en ese hotel.
    Un microrrelato fascinante, Federico.
    ¡Abrazo, mi buen amigo de las letras! ;)

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    1. Me alegra que te haya parecido así, mi buen amigo de las letras.

      Como dices, ese aire parecía estar contaminado con todo tipo de sustancias, así que pudo haberme ayudado en mi viaje ;) Tal vez deba ir de nuevo a ese hotel a verificarlo. Te invitaría unos tragos, pero no venden bebidas.
      ¡Un abrazo!

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  5. Hola Federico:

    Con este relato me recordé aquellas épocas en las que viajaba mucho y el cansancio te puede hacer malas jugadas, aunque en este caso creo que si fue un sueño, fue un buen sueño, ver la creación, la evolución, de parte del universo, debió ser grandioso estar en ese sueño.

    Me gusto como evolucionó el cuento y como al final no supo si todo lo soñó, o como es que llego a ese pueblo, realmente fascinante.

    Saludos

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    1. Me alegra mucho que te haya gustado, Tere.
      Te agradezco el comentario.
      Cuídate de no volver a viajar cansada; es peligroso.

      Saludos!

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  6. Soberbio, Federico. Como todos, esperaba una historia de terror al uso, y el relato deriva a un momento de epifanía, de consciencia de lo que significa pertenecer a un mismo universo, narrado con pasión compulsiva. Maravilloso. Como te han comentado una joya. Saludos!

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    1. Muchas gracias por las palabras, David.
      Me alegra de verdad que lo consideres así.
      Abrazo.

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