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jueves, 11 de diciembre de 2014

EL FESTÍN




Una nueva conquista es siempre motivo de celebración, sobre todo en el reino de Lord Raghmair, cuyo poderío solo era comparable con su mórbida obesidad.

La mayoría de los miembros de su corte superaban las cuatrocientas libras, pero el sobrepeso del rey se destacaba incluso entre aquellos robustos cuerpos.

El círculo del monarca era muy ansioso cuando de comer se trataba y, para que el apetito no los exasperara, debían ser entretenidos hasta el momento en que el banquete estuviese listo. Un conjunto de seis malabaristas entró al salón con fin de distraerlos; comenzaron a realizar una coreografía poco agraciada, y para contrarrestar la simpleza de sus movimientos, sacaron unas cintas de tela de todos los colores del arco iris y el espectáculo cobró vida.

Los delgados personajes no hacían más que unos leves movimientos de muñecas, siendo las cintas las protagonistas de la escena, pero aquello alcanzó para alegrar al rey y hacerlo aplaudir.
Las carnes que colgaban de los brazos del monarca se tambaleaban con cada aplauso, produciendo un movimiento continuo, casi hipnótico. Pero pasados unos minutos el espectáculo comenzó a perder su gracia y el desfile de artistas no podía detenerse.

Ingresó un séptimo animador: un titiritero. Su marioneta era una burda imitación del Conde de Breonth, hermano y enemigo de Lord Raghmair. Era común que los artistas se mofaran de los opositores del rey para agasajarlo. La marioneta exageraba las desgracias del rostro del noble y había sido adornada por numerosos cascabeles que lo hacían sonar como una hambrienta serpiente.

El monarca respiraba con dificultad en su trono mientras el sudor caía de su calva, recorriendo su rostro y desdibujándose en las arrugas de la sonrisa provocada por la burla hacia su hermano. Así eran todas las fiestas en el reino, un desfile de entretenimiento extravagante enviado para distraer el apetito insaciable del rey y de su corte hasta llegado el momento de la comida. Personajes de todas partes del mundo conocido y no conocido habían desfilado por el salón principal del palacio, llevando espectáculos únicos, bestias de las que jamás nadie en su reino había oído nombrar y hasta obras de teatro que siguen siendo conocidas en la actualidad; pero a pesar del entusiasmo que el soberano mostraba ante todas esas funciones, nada lo hacía reír tanto como la función más caricaturesca que jamás se vio en sus dominios: la de su pequeño y deformado bufón.

Tan sólo mirar al desdichado hombrecito le provocaba una risotada; jamás se aburría de verlo hacer el ridículo mientras él y sus invitados lo humillaban hasta el límite.

Al principio le exigía al bufón que se mostrara feliz, pero con el tiempo el rey disfrutó más el verlo afligido, ya que el hecho de someter a alguien a actuar más allá de sus deseos lo hacía sentirse aún más poderoso.

Como era costumbre, junto al trono estaba parado un misterioso sujeto cubierto por una oscura túnica de monje asceta. Era imposible de descifrar a simple vista a aquel individuo ya que, contrastando con la túnica, poseía unos brillantes anillos en cada uno de sus largos dedos. Ese enjuto personaje no era otro que Nenddir, el consejero real.

Nenddir el Sabio era conocido en todos los rincones del reino, no solo por su aspecto y por los numerosos rumores que circulaban alrededor de su persona, sino también por su voz, que además de evidenciar erudición en cada frase, era tan grave que nadie podía imitarla sin dañarse la garganta:

– Disculpe mi atrevimiento, su majestad, pero jamás he visto bufón más horrendo que el suyo.

Lord Raghmair quedó perplejo ante aquellas palabras; sucede que Nenddir jamás hacía comentarios que no fuesen de máxima importancia.

– ¿Qué está diciendo, Nenddir? Ese es precisamente el físico ideal para un bufón. A mí me divierte mucho verlo caminar con sus múltiples deformaciones, ¿acaso a usted no?

No se trataba de una pregunta retórica, el rey realmente quería saber si al sabio le resultaba divertido el espectáculo; pero el humor de Nenddir era muy difícil de determinar, ya que su espesa barba negra disimulaba casi por completo las mínimas expresiones que realizaba al hablar.

– Es verdad, su excelencia, sus deformaciones corporales son jocosas; lo que no soporto es su rostro, que además de ser grotesco, revela un enorme rencor hacia usted.

Era cierto, el gesto del bufón se llenaba de odio ante las convulsiones de la enorme barriga del rey.

– Le recomiendo hacer algo al respecto, su majestad, los nobles no se sienten muy a gusto en territorios en donde los súbditos odian a su soberano.

El gobernante buscó la respuesta en los ojos de su consejero mientras éste levantaba una ceja señalando al Muro de la Deshonra. Se trataba de la pared del lado sur del salón principal del palacio que había sido cubierta por recuerdos de todas las regiones que el gran Lord Raghmair había visitado y sometido. Allí colgaban armas, armaduras y todo tipo de objetos que alguna vez habían sido símbolos de orgullo para los extranjeros.

El rey no comprendió el plan de su asesor pero, justo en el momento en el que se lo iba a preguntar, Nenddir sonrió a la vez que un rayo de luz se reflejó en su colmillo, y Lord Raghmair supo entonces qué hacer con su bufón:

– ¡Oye, tú!, ¡esperpento! – le gritó – ¡Eres demasiado feo para esta corte, eres la vergüenza de este reino! ¡Cubre tu horrible rostro con una máscara para que tus facciones no ofendan la belleza de estas respetables damas!

El bufón caminó hacia el muro arrastrando su pie izquierdo, la única manera en que podía hacerlo. Al tomar unas de las máscaras, el rey vociferó nuevamente:

– ¡Esa no, adefesio!, es demasiado preciada para mí, mucho más que tu propia vida. Ponte la que está a la izquierda: la máscara roja. Sé que es antiestética, pero será una gran mejora comparada a tu repulsiva imagen.

El semblante del bufón mostró un rictus de aversión como jamás había expresado; pero condenado a ocultarse tras la máscara, aquella sería la última vez que alguien notaría su disgusto.

En ese momento los sirvientes entraron al salón principal con el banquete, llevando consigo miles de platos repletos de alimentos. Algunos sirvientes se encargaron de atestar la larga mesa de comida y bebida mientras otros, para no hacer esperar a los más honorables miembros de la corte, lanzaban bocados directamente en sus enormes bocas.

El bufón seguía bailando de manera ridícula mientras los invitados devoraban la cena, en algunos casos lo hacían sujetando trozos de comida con ambas manos, pero había algunos cuyos ademanes parecían no ser tan elegantes, por lo que preferían introducir sus hocicos de lleno en el plato.

– Disculpe que lo interrumpa nuevamente, su majestad – dijo Nenddir –, pero la máscara del bufón parece incomodar a los comensales. Es demasiado seria, debería hacer algo al respecto.

El rey giró la cabeza hacia su consejero y, dos segundos después, también lo hizo su papada. Su boca contenía comida suficiente como para alimentar a una familia medieval tipo, pero a pesar de ello se las arregló para hacerse entender antes de terminar de tragar:

– ¿Y qué podría hacer?, ¿le pido que se ponga otra más alegre?
Haciendo caso omiso a los trozos de carne que expulsaba el obeso monarca con cada palabra, el sabio se dirigió con la misma opacidad de siempre:

– Eso no será necesario, su excelencia; mejor sería hacerle alguna modificación a la que tiene puesta – dijo Nenddir.

El gobernante buscó la respuesta en los ojos de su consejero mientras éste levantaba una ceja señalando el recipiente de salsa.

El rey no comprendió el plan de su asesor pero, justo en el momento en el que se lo iba a preguntar, Nenddir sonrió a la vez que un rayo de luz se reflejó en su colmillo, y Lord Raghmair supo entonces qué hacer con su bufón:

– ¡Oye, tú!, ¡esperpento! – gritó el rey escupiendo comida hacia todas partes – ¡Esa máscara es demasiado siniestra para esta fiesta, eres la indecencia de este reino! ¡Acércate, haremos algo al respecto!

El bufón caminó hacia el rey arrastrando su pie izquierdo, la única manera en que podía hacerlo.

El soberano arrancó una pata del pollo que tenía enfrente y la introdujo en el recipiente de salsa, luego se la pasó por la máscara al bufón, dibujándole una enorme sonrisa.

– Ahora si te ves alegre, adefesio – dijo el gobernante, quien también tenía dibujada una sonrisa de salsa.

Risas socarronas rodearon al bufón. Un aliento a comida entre muelas calentaba sus oídos mientras los restos más ligeros de alimento volaban hacia él. En medio de aquel hostigamiento, los huecos de la bochornosa máscara revelaron unos ojos repletos de lágrimas.

Las manos del desdichado hombrecito comenzaron a temblar mientras su rostro oculto se desfiguraba de dolor, y finalmente estalló en un lastimoso alarido.


El pequeño hazmerreír tomó un cuchillo de la mesa y saltó por encima de ésta, cayendo justo sobre el monarca; luego, haciendo uso de todas sus fuerzas, le clavó la hoja hasta el mango en su voluminoso abdomen, abriéndolo de lado a lado.

– ¡Guardias! – gritó Nenddir. Pero era demasiado tarde para el rey.
Los hombres sujetaron al regicida y lo llevaron al centro del salón para que todos contemplaran su vergüenza. El humillado personaje lloró fuera de sí a sabiendas del destino que él mismo se había escrito, pero Nenddir puso fin a sus agudos gritos al apuntarlo con la larga uña de su dedo índice:

– No perderé mi preciado tiempo contigo, esperpento. Suelo hacer que torturen a los traidores al reino antes de que se les corte la cabeza, pero los dioses ya te han castigado lo suficiente.

A la mañana siguiente decapitaron al bufón.

El reino entero estaba inquieto ante el enorme trono vacío, en especial el hermano del difunto: el Conde de Breonth, quien por llevar su misma sangre, era lo suficientemente voluminoso como para ocupar el preciado sillón.

Luego del funeral de Lord Raghmair, su viuda se encerró a llorar en la alcoba real y no quiso salir de allí por horas. La mujer cuya obesidad competía con la de su esposo, no lloraba tanto por amor como por el hecho de no saber qué hacer ante los inminentes cambios que se producirían a continuación.

La princesa decidió entrar al cuarto para acompañar a su madre, mientras Nenddir observaba la situación oculto entre las sombras en un rincón del corredor.

Luego de esperar unos segundos entre las estatuas de antiguos héroes caídos, el sabio ingresó también a la habitación, y se dirigió a ellas con aquella voz que, de tan grave, nadie podía imitarla sin dañarse la garganta:

– Disculpe mi impertinencia, su majestad, pero el hermano de su esposo está ansioso por obtener la corona, y debemos actuar rápidamente. Su matrimonio no ha sido bendecido con hijos varones; y además, su delicioso retoño es muy joven aún.

Madre e hija quedaron perplejas mientras el asesor continuaba con su discurso:

– Lo que aquí se necesita es un hombre fiel y respetado que se case con la princesa, para que su familia pueda mantenerse en la cima del poder.

La gorda reina abrió la boca para dar su opinión pero, antes de que pudiera emitir sonido alguno, Nenddir sonrió a la vez que un rayo de luz se reflejó en su colmillo. 


34 comentarios:

  1. Curioso relato, Federico. Me has logrado distraer por completo con el asunto de la obesidad que no vi venir al verdadero villano, aún cuando lo has dibujado tan jocosamente (imaginé una cruza de Grima lengua de serpiente, con Saruman). Me gusta mucho ese recurso que usas de reiterar ciertas descripciones, como la voz del sabio y su colmillo, pero sobretodo disfruto ese tono entre surrealista y sarcástico con que narras la historia. Saludos.

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    1. Me alegro de que lo hayas disfrutado y de haber logrado el tono que buscaba; preferí no hacerlo tan surrealista como algunos de mis relatos para no perder la ambientación de tipo medieval.
      Gracias por el comentario, Carlo. Saludos.

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  2. ¡¡¡¡Ohhhhhhhhhhhhhhh!!!! Pedazo de relato. ¡Pinche Nenddir! Es mezquino, manipulador y extremadamente inteligente. Va varios pasos por delante. Es un alfil. Me ha encantado. Volviste a introducir la máscara roja y me emocioné. Gula, Avaricia, Ira, Envidia, Soberbia, Pereza y Lujuria. Me encanta que en la estructura repitas lo del reflejo en el colmillo. Es impresionante Federico. Me angustió mucho las lágrimas a través de los orificios.... Esto es toda una estrategia de futuro.
    Un abrazote Maestro!!

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    1. Así es, Ana Lía, todos los pecados capitales aparecen, además de algunas pistas.
      Me alegro de que te haya angustiado lo de las lágrimas (aquel que se tomaba como el octavo pecado capital era precisamente la Tristeza).
      Abrazo grande!

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  3. Me aburren los que teniendo tanta capacidad, escriban tan bien ,tengan tanta, inteligencia y sobre todo, argumentos tan exquisitos.,como erudicción. Basta¡¡¡, escribe algo malo para que pueda rezongarte..... Federico dame motivos para sentirme util,

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    1. Singulares comentarios los tuyos, amigo. Me alegro de que no hayas encontrado algo malo para rezongarme; si alguna vez hay algo que no te guste, podés decírmelo sin dudar.
      Agradezco tu lectura y comentario, José.
      Abrazo.

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  4. Me ha sorprendido en la historia el papel de colmillo brillante. Al principio pensaba que era un personaje secundario. Me ha recordado el ritmo y la historia a los viejos cuentos de hadas, solo que en este vence el malvado, y la pobre cenicienta (bufón) pierde la vida, aunque le permites una venganza gracias a la oscura influencia de la máscara roja. Gran relato.

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    1. Me alegro de haberte sorprendido, Santiago. Deseaba ocultar lo que ocurriría pero al mismo tiempo quería darle papeles importantes a los tres personaje a lo largo de la historia.
      La máscara roja obra de maneras misteriosas...

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  5. Atrapante como siempre son tus relatos Federico. Admiro la ambientación de las escenas y el realismo que les das al describir a personajes como el bufón o el rey. Es un placer leerte y con gusto lo compartiré. Un abrazo

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    1. Un placer leer comentarios como el tuyo, Jorge. Me alegro mucho de que te haya gustado.
      Otro abrazo para vos.

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  6. ¡Bien peligrosillo que era el colmillo de Nenddir! Excelente relato! ¡Saludos!! ;)

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    1. Gracias por tu visita y comentario, Fritzy :)
      Le enviaré tus saludos al peligrosillo Nenddir.

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  7. Debo reconocer que esta vez no presentí ni por asomo el final. Una historia con muchos matices y sobre todo dejando en el lector una mirada interna, cargadas de imágenes que te transportan y que logran meter en la historia. Me gustó la repetición de algunas frases pues fijan y te mantiene enganchado en el relato. Ya esperaba una historia más surrealista muy a tu estilo, con lo cual he quedado muy a gusto Federico.

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    1. Me alegro de que hayas quedado a gusto con este festín de surrealismo y de haberte sorprendido con el final; no es fácil, sos muy observadora.
      Gracias por tu comentario, AileeN. Abrazo.

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  8. Nenddir jamás hacía comentarios que no fuesen de máxima importancia, claro que no, pues mencionar que "jamás vio un bufón más horrendo" fue de vital importancia para su ambicioso plan, ya que a Nenddir le brillaba mas la maldad y la codicia que su dichoso colmillo.
    Exelente Federico. Un placer leerte. Saludos

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    1. Exacto, Angélica; el relato tiene varias pistas como esa.
      Me alegro de que te haya gustado. Un placer leer tus comentarios. Saludos.

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  9. Es muy, pero muy bueno! Me gusta tu estilo, tiene elegancia, muy buen ritmo y te atrapa desde el comienzo. Por cierto, me encanto el texto de recibimiento al blog, ya que -junto con tu trabajo- demuestra la educacion e inteligencia que posees. Y si! "Y el hombre inventó la literatura de terror, creando monstruos a su imagen y semejanza". Me siento 100% identificada. Saludos y te sigo leyendo.
    P.D.: Si te interesa este es mi mundo: http://missevilsnake.blogspot.com.ar

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    1. Muchas gracias por las palabras, Sil. Me alegro de que te haya gustado mi cuento y mi blog.
      Sí, me interesa.
      Saludos y nos leemos.

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  10. Muy bueno, me ha atrapado hasta el final. Así que el consejero era muy bueno con las palabras... Abrazo!!

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    1. Muchas gracias. Me alegro de que te haya atrapado el cuento.
      Abrazo!

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  11. Como suele pasar, me atrapaste de tal manera en el escenario y los personajes que el final me pilló despistado e indefenso. Lo pase realmente bien leyéndote hoy. Bravo!

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    1. Me alegro de que la hayas pasado bien, amigo!
      Gracias por tu comentario, Miguel.

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  12. Es la primera vez que te leo... y voy a seguir. Después de leer los anteriores comentarios, poco más que añadir.

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    1. Bienvenida, Victoria. Espero que también te gusten mis otros relatos.
      Muchas gracias por tu comentario.

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  13. Retomando las lecturas de mi blogueros favoritos me encuentro con este relato. Un relato fascinante donde la narración va de la mano con la matización. Las imágenes quedan en tu mente y en eso me parece genial, digno de obras bien escritas. En el caso del hombre del colmillo supuse que no sería un personaje secundario. Lo que me sorprendió por completo fue lo del bufón, y es emocionante encontrar relatos donde crees saber qué ocurrirá pero sin darte cuenta nada de lo que piensas es real. Un abrazo hermano. Saludos.

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    1. Muchas gracias por el comentario, hermano. Un gusto tenerte por acá de nuevo.
      Me alegro de que te haya gustado el relato y de haberte sorprendido.
      Abrazo, David!

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  14. Vaya, excelente, maestro Federico, una historia interesante con un villano al estilo de los anime con ese brillo de colmillo y que no sé por qué, pero me trajo a la memoria a Rasputín... Supongo que con ese ultimo brillo del final la reina ya sabría que hacer. Muy bueno, hermano, pero con tu permiso iré a comer algo porque con tanto festín ya me dio hambre. Un abrazo!

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    1. Así es, siempre me pareció interesante Rasputín e intenté retratar a Nenddir con un estilo similar. Creo que aunque la reina piense que es una mala idea, no podrá decirle que no a ese colmillo.
      Muchas gracias por el comentario, hermano. Abrazo y bon appétit!

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  15. Que singular historia, en la cual pareciera la obesidad la parte principal de la historia, y solo era una distracción para ver realmente el giro que daría esta.

    Y pues si que era colmilludo Nenddir, le funcionó su estrategia.
    ¡Buen día!

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    1. La obesidad representa a la gula, un pecado capital que se muestra, precisamente, en forma gráfica y abundante. La envidia, por otro lado, es más discreta.
      Te agradezco el comentario, Sofía.
      Nenddir te desea un buen día a la vez que un rayo de luz se refleja en su colmillo.

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  16. Federico, creo que ya me debes conocerme un poco, así que no te sorprenderá que te diga que ademas de maravillarme con la trama y los detalles, todos muy explícitos y soberbios me supuse lo del ataque del bufón casi desde el primer momento, pues la humillación tiene un limite de aguante y según avanzaba la narración sentía sus días contados y me dije: confío en ti bufón, por tu dignidad herida.

    Era muy obvio que Nenddir echaba leña al fuego con algún propósito tan oscuro como el.

    Para que repetirte lo que ya sabes, excelente narración, te transporta, cada detalle lo ves como si estuvieras presente, la repetición tan exacta de algunas frases dando un toque mas circunspecto y mordaz me cautivó y el brillo del colmillo... insólito y cegador, por eso siempre desvirtuaba la idea de su propietario, así que me parece que al final Nenddir no consiguió su objetivo, el colmillo aunque era su detonante, no era tan siniestro y convincente como él.
    Con quien casaría la reina a la princesa?, con el titiritero tal vez? o algún amante oculto de ella?
    Bueno me doy el gusto de creer que Nenddir de alguna forma recibió su merecido.

    Un banquete leerte, entre tantos pecados juntos al final dejas aflorar la inocencia de la princesa.

    Me encanta esa mística que posees de mezclar o dejar salir al menos algo de luz de entre las grandes tinieblas del alma.

    Mis afectos y admiración por el uso tan elocuente y encantador de este Don que posees, el arte de escribir en la oscuridad tan interesantemente bien.

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    1. Te agradezco mucho la atenta lectura y las palabras, Harolina.
      También deseo que Nenddir no se salga con las suyas, aunque no me desagrada del todo ese sujeto; tiene algo..., un no se qué..., un cierto brillo irresistible.
      Es cierto lo de la princesa, es el único personaje inocente del relato (sin contar al desdichado bufón).

      Te envío mis afectos desde las grandes tinieblas de mi alma.

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  17. Una trama espléndidamente llevada como si esas marionetas las tuvieras por supuesto preparadas para despistarnos en todo momento, desde iniciar la historia con ese pecado capital de la gula a través de la obesidad de ambos monarcas, la avaricia del taimado Nenddir o "colmillo brillante", a quien nos lo presentas como "Sabio", la ira del bufón asesinando al rey, la lujuria de la reina y creo que algo de avaricia también la caracterizaba, de ahí que al final el "Sabio" Nenddir la convenció para no perder su oportunidad de continuar reinando si ambos "avariciosos" tomaban el poder... Creo que has logrado un perfecto retrato palaciego completamente decadente y siniestro, rodeado de víboras intentando llevarse el mejor "bocado" de este "festín", en esto incluyo también la parte de esa máscara que tiene otro protagonismo excepcional y logra que cuando llora el bufón nos resulte mucho más dramática la situación y llegue a tocarnos la fibra sensible.
    Te felicito, Fede, por esta obra dantesca y bien ambientada, ya que has logrado que no se pierda la ambientación medieval de la historia, que me ha tenido en vilo hasta ese final, que ya empecé a intuir a través de esa genial repetición: "un rayo de luz se reflejó en su colmillo".

    Un beso.

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    1. Excelente el análisis que has realizado, Estrella. Los pecados capitales están presentes a lo largo de todo el relato.
      Me alegro de haberte mantenido en vilo.
      Un placer el haberte mantenido en vilo con mi decadente festín.

      Muchas gracias por las palabras.
      Un fuerte abrazo!

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