martes, 8 de julio de 2014

PACIENCIA





En una vieja y olvidad biblioteca, Oscar halló un libro con su nombre.

El primer párrafo describía acertadamente su aspecto físico. Continuó leyendo y notó que, sin importar qué hiciera, las palabras relataban sus actos; sin importar en qué pensara, el libro lo leía.

Le temblaron las manos, su mente se pobló de dudas y, sin pensarlo dos veces, le echó un vistazo a la última página.