Debí reír.
Como de esa sombra proyectada
por una pequeña araña.
O el ulular de mi ventana
que no era más que viento entre las ramas.
Me dejé llevar
por una simple figura bidimensional.
Envase vacío que yo
me encargué de llenar.
Y así seguí,
perdido en laberintos de sombras,
corriendo por los gritos de un fantasma.
Hasta entender que había visto en ti
algo que no estaba ahí.
