Leen este blog:

jueves, 5 de febrero de 2015

EL HOMBRE DEL TRAJE ROJO




Sábado de dos por uno. El lugar estaba lleno.

– Y vos… – dijo Amanda –, ¿qué estás esperando para sacarme a bailar?

José Luis sonrió; adoraba esas provocaciones de su novia.

– Vení para acá – dijo a la vez que la acercaba sujetándola de la cintura.

Su boca quedó a centímetros de la de ella, luego la tomó de la mano y la llevó al centro de la pista de baile.

Gente en la barra, gente en las mesas y gente bailando; no había un rincón vacío en todo el salón. En la pista muchas parejas bailaban de manera magistral, pero ninguna se destacaba tanto como José Luis y Amanda. Ellos no eran impecables en sus movimientos, les faltaba eso que algunos exquisitos llaman “técnica”. La pareja cometía errores, era cierto, pero vivían como nadie cada nota que allí se escuchaba.

Ambos se fundieron en uno mientras la música fluía por sus cuerpos. La manera de sujetar que tenía José Luis era masculina pero gentil, sujetaba a Amanda con fuerza, mas con una delicadeza incapaz de lastimarla. De un leve tirón llevó su mano hacia su pecho a la vez que le marcaba un giro con la otra en su espalda. Amanda se dejaba llevar con facilidad, sus largas piernas cubiertas en medias de red negras se estiraban formando una línea desde la punta de sus dedos hasta sus rebeldes cabellos. Se miraron de nuevo a los ojos y ella dobló las rodillas en una aguerrida batalla con los acordes de la guitarra. José Luis dio entonces un paso al frente, atrapándola entre sus piernas. Luego, bajando la mano desde la cintura hasta su muslo, la inclinó sobre la última nota musical.

José Luis aprovechó la pausa para encender un cigarrillo que luego le pasó a Amanda; el baile había sido intenso para ambos.

Al momento en que estaba comenzando una nueva pieza, un viento frío recorrió el lugar. Todos los presentes miraron hacia el mismo rincón; allí estaba parado, como si siempre hubiese estado en ese lugar, un hombre de traje rojo.

El individuo medía un metro noventa de altura, era delgado y de espalda ancha, su postura era erguida, pero inclinaba la cabeza hacia adelante con aspecto malevo. Un sombrero de ala corta lo cubría de las luces que pestañaban disparándole todo tipo de colores. Poco a poco levantó la mirada, parecía ser un hombre de unos cuarenta años, pero su rostro era de esos que se ven en las viejas fotografías en blanco y negro.

Su traje era de un rojo intenso, de un planchado tajante que terminaban en unos zapatos que brillaban como si tuvieran luz propia. El individuo recorrió el salón con la mirada, controlando la posición de cada una de las personas que permanecían inmóviles.

El baile se reinició, pero todo había cambiado. El hombre del traje rojo se ajustó la corbata y comenzó a caminar mientras sus zapatos crujían al ritmo de la música; o quizás fue la música la que comenzó a sonar al ritmo de sus pasos. Se acercó a José Luis y éste abrazó a Amanda con fuerza.

– No te preocupés – le dijo –, solo te iba a pedir un cigarro.

– Sí, por supuesto – dijo José Luis –; deme un segundo.

Buscó el paquete en su bolsillo con una mano temblorosa pero el hombre lo interrumpió:

– No busqués más, pibe. Dame ese; el que estás fumando.

José Luis se lo pasó de inmediato, como si quisiera sacárselo de encima. El hombre del traje rojo le dio una profunda pitada al cigarrillo consumiéndolo mientras sus pupilas se encendían. Luego abrió la boca, pero jamás largó el humo.

– Muchas gracias, pibe.

Se acomodó el sombrero en señal de despedida y se alejó de la pareja mientras exhalaban relajados.

En la barra había varios hombres y mujeres. Todos estaban atentos a su presencia y, quienes no lo miraban, lo hacían porque no podían tolerar su imagen durante mucho tiempo. Las trece mujeres que estaban allí comenzaron a pararse derechas, a mostrar sus virtudes intentando verse sanas y voluptuosas.

En medio de todas se encontraba Inés. No era la más ni la menos atractiva de aquel grupo, no era la mejor ni la peor arreglada. Era Inés.

El hombre del traje rojo la tomó de la mano y la llevó al medio de la pista de baile.

Al tomarla de ambas manos, éstas se pusieron de un color morado oscuro, casi negro. Había sufrido una rápida necrosis ante su tacto.
Él la movió hacia su izquierda y se escuchó un fuerte crujido. Muchos creyeron que se había roto el taco del zapato de Inés, pero había sido su tobillo. Luego la zarandeó hacia un lado y hacia el otro como si nada hubiese sucedido. La detuvo alejándola de su cuerpo para que todos pudieran ver las vertebras de la joven dispuestas en un horrendo zigzag. La acercó otra vez hacia él, pero su columna se quedó en el lugar, salpicando sangre por toda la pista.

Para el gran final, dio un giro mientras la tomaba de la cintura y luego la recostó sobre su mano, tirando su cabeza hacia atrás a la vez que un silencio absoluto cubría el salón. Todos los allí presentes se quedaron viendo el rostro de Inés. Su cabeza colgaba inerte, su mandíbula dislocada estaba inclinada hacia un lado y, en lugar de ojos, tenía dos cuencas vacías de profundidad insondable.

El hombre del traje rojo soltó a su compañera de baile y el cuerpo disecado de la muchacha cayó provocando una nube de polvo. Se acomodó de nuevo el sombrero para que las sombras cubrieran su rostro, y se retiró ante un público de corazones paralizados.

Nadie habló del asunto, tampoco había mucho que decir. Lo que había sucedido aquella noche era inevitable; no se le puede negar un baile una vez que él te elige.

La velada se reanudó luego de unos minutos, pero el miedo seguía presente. ¿Volvería esa misma noche o estaban a salvo? Era algo imposible de saber. Nadie conoce su agenda ni entiende su modo de elegir, pero hay algo que es seguro: el hombre del traje rojo es un caballero, y jamás sacaría a bailar a una mujer que ya estuviera bailando.



44 comentarios:

  1. Genial!!! Me pregunto, ¿siempre se vestirá de rojo este señor? Por si acaso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo creo que toma diferentes formas según la ocasión; habrá que estar muy atento.
      Gracias por el comentario, Estela!

      Eliminar
  2. Muy bueno! Suspenso intenso hasta el final... Ahora digo yo que qué cabrón el hombre de rojo, siempre se lleva a las damas? porque no me lo imagino invitando a bailar a un señor... Vamos que de caballero nada de nada!... y por que no se atreve con uno de su tamaño! jeje Saludos Federico.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Puede que haya alguna mujer de vestido rojo haciendo lo mismo... por las dudas tendré cuidado.
      Gracias por el comentario, Angélica. Saludos!

      Eliminar
  3. "... No se le pude negar un baile una vez que él te elige" me encanto!

    Siempre esperamos que esa no sea nuestra noche.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te haya gustado, Ana K!
      Gracias por tu visita y comentario.

      Eliminar
  4. Por algo no voy a los salones de baile amigo Rivolta!! Gracias por el aviso!! Excelente relato!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esperemos que no aparezca en otros lugares...
      Gracias por el comentario, amigo Carlos. Abrazo!

      Eliminar
    2. Wow! Qué miedo por favor! Es una especie de demonio o parca? Solo "baila" con mujeres? La verdad es un misterio el no poder negarse. Genial!

      Eliminar
    3. Algo así, Eva; solo que más seductor y solo debes preocuparte si estás parada sin bailar.
      Muchas gracias por el comentario!

      Eliminar
  5. Interesante relato amigo. Ruego que a ese misterioso hombre le aburra pasarse por el pueblo andino olvidado, no quiere ver a una de mis amigas convertida en leyenda. Saludos y abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por la visita y el comentario, amigo. El hombre del traje rojo está, por el momento, recorriendo bares tangueros; si llega a ir para tus lares, te aviso ;)
      Abrazo, David!

      Eliminar
  6. Auch. Un catrín con un ritmo fatal. Digo, una cosa es tener dos pies izquierdos y tropezar con la pareja ¡¿pero hacerla pedazos?!
    Me gustó mucho Federico, un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y pensar que algunas mujeres se quejan cuando les pisan un pie...
      Me alegro de que te haya gustado, Alejandro! Abrazo grande.

      Eliminar
  7. ¡Otia! Macabro, Interesante, Seductor... Hombre del Traje Rojo...
    Y no solo el Hombre de Rojo, sino el relato también... ¡Me ha encantado! ^^
    ¡Besis! ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por el comentario, Campanilla Feroz. Me alegra saber que te gustó.
      Es seductor ese hombre... ¡ten cuidado! :)
      Besos.

      Eliminar
  8. Un caballero vestido con su traje rojo, rojo como la sangre de la muchacha a la que acaba de sacar a bailar...
    Terrorífico. ¡Y escalofriante! Cuando leía el baile macabro ¡¡casi que me dan arcadas!! ¡Eres un maestro del terror!
    Pero el baile inicial me ha dado envidia. Un baile increíble, el que te has marcado ;)
    Muy bueno ^^ Lo comparto.
    ¡Un abrazo! :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por el comentario, Carmen.
      Me alegra saber que los dos bailes de mi cuento te provocaron todas esas sensaciones; ese era mi objetivo. :)
      ¡Abrazo!

      Eliminar
  9. Para mi gusto uno de tus mejores relatos, Federico. La escena del baile entre los protagonistas resulta tierna, sensual, provocativa y emotiva. Quizás por eso lo que viene después impacta mucho más, porque nos coge con la guardia baja y la media sonrisa en la boca. Terrible el argumento, tremendo tu talento!!

    Un fuerte abrazo y enhorabuena. Comparto encantada :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias por las palabras, Julia!
      Un placer saber que te gustó y que lo compartas.
      Abrazo grande :)

      Eliminar
  10. Increíble, Federico. Interesante y misterioso el hombre del traje rojo. El relato es genial, pude escuchar esa música, sentir esos pasos... Aunque no me arriesgaría a bailar con él :D. Muy bueno, saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por el comentario, Sal Yin. Me alegra haberte hecho escuchar la música y los pasos del misterioso hombre. Dicen que si te saca a bailar es imposible negarse.
      Saludos!

      Eliminar
  11. Saludos cordiales Federico. Muy bueno tu relato, ya se sabe que hay que buscar pareja de baile rapidito para que el caballeroso hombre del traje rojo no nos elija .-). Éxitos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es; no hay que quedarse estático, hay que disfrutar cada instante.
      Gracias por tus palabras, Mery. ¡Saludos!

      Eliminar
  12. Qué grande, Federico, como siempre! Me maravillo con tus historias, tu creatividad, imaginación y forma de narrarlas. Eres todo un genio del relato negro (aunque a veces se vista de rojo).
    Un saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por las palabras, Ángela. Una alegría leer este comentario.
      Un saludo!

      Eliminar
  13. Me encanta tu personificación de la Muerte, en el hombre del traje rojo. Interesante, No disfrutar la vida es haber ganado la muerte dos veces. La segunda es solamente un proceso de transición a su forma de vida. No se queden sentadas/os, bailen, jueguen, rían, vivan para no morir, muertos. Un saludo Federico.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Exacto, Fernando; esa es la "moraleja" del cuento.
      Te agradezco mucho el comentario.
      Un saludo!

      Eliminar
  14. Hola Fede.
    Un cuento espectacular, con una atmosfera bien porteña y un mensaje demoledor.
    Felicitaciones amigo.
    Abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras, amigo. Me alegra que lo hayas leído y que hayas destacado la atmósfera y el mensaje; esos eran mis dos principales objetivos con este cuento.
      Abrazo, Richard!

      Eliminar
  15. Un nuevo personaje temendamente misterioso. Me encanta.
    Me gustó mucho el contraste que creaste con el sensual y elegante baile del principio y con horrible y macabro del segundo, intencionadamente, seguro.
    Como siempre, genial.
    Un saludo, Federico.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te haya gustado. Así es, el primer baile fue mi modo de crear el ambiente y también está para que el otro parezca más horrible aún.
      Muchas gracias por el comentario, Ricardo.

      Eliminar
  16. Original, un baile siempre es en sí un acto romántico, salvo por el desalmado elegante y de rojo que se llevo la chica por delante con la excusa de un baile.
    Buen estilo. Doy fé de mi gusto por tu lectura siguiendote través del perfil de Google y blogger.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por las palabras, Jonh! Me alegro de que te gusten mis escritos.
      Un saludo.

      Eliminar
  17. Hola Fede.
    Fenomenal el clima que creaste con imágenes precisas y claras.
    Los diálogos geniales y muy justificados, que te permitierondefinir nacionalidad, carácter y emociones de los personajes de tu trama.

    Las reacciones, la sensualidad que se despliega, aunada a la fascinación que el hombre de rojo ejerce ellos.
    Me ha encantado. Muy bien logrado.
    Un abrazo.

    --
    Lucia

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu atenta lectura y comentario, Lucía. Muy amable.
      Encantado de que te haya encantado.
      Abrazo!

      Eliminar
  18. Original, estremecedor y tremendo relato mi amigo. Siempre sorprendes, siempre me dejas con ganas de leer más. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es un placer para mí saber que te gustó, Jorge. También disfruto mucho leerte, amigo.
      Abrazo grande!

      Eliminar
  19. ¡Me gustó mucho, Federico!, admiro cómo estableces características particulares para cada personaje, en este caso El hombre del traje rojo. Permites que el lector profundice en el temperamento de éste, sin necesitar tantas palabras para ello. El ambiente fluctuante, entre ardiente y repleto de intrigas. ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra que te haya gustado, Víctor. Este es uno de mis relatos que más satisfecho me han dejado. Te agradezco mucho el comentario. Saludos!!

      Eliminar
  20. SENSACIONAL! ES UN LUJO! ser tu lectora.

    ResponderEliminar
  21. Si el baile no me gusta, creo que con estos relatos reafirmo mi posición de no ir a lugares donde se baile ;-). Aunque no te niego que alguna vez lo intenté, mas me dí cuenta que cuando tienes dos pies izquierdos nunca lograras coordinación :-).

    Mejor un bar que toquen rock o blues escuchando la música de Koby, con un whisky F&7 etiqueta negra.

    Saludos Federico.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo pude haber ser un gran bailarín, pero tuve dos problemas: mis piernas.
      Me sumo a la idea de escuchar a Koby.
      Ya casi siento que estoy saboreando ese whisky F&7 etiqueta negra...

      Eliminar